a
Lorem ipsum dolor sit amet, consecte adipi. Suspendisse ultrices hendrerit a vitae vel a sodales ac lectus.
Instagram Feed
Follow Us
Blanca de la Cruz > Blog  > CUANDO MI PADRE ME OBLIGÓ A ESCRIBIR

CUANDO MI PADRE ME OBLIGÓ A ESCRIBIR

Hoy el post lo escribe una colaboradora muy muy especial al igual que lo son estas fechas. Ella es Pepa, un torbellino de mujer, periodista freelance, politóloga, colaboradora en varios medios y metida en un sinfín de proyectos. Nos conocimos gracias a  Influencity  la red de influencers y marketinianos donde ocupa el cargo de MA ( Marketing Assistant ).  Y como ella se define ” morena y gafapasta”.  Vaya, el tipo de persona que a mi me gusta! Luchadora donde las haya. Vale, vale me callo yaaa. Os dejo con su precioso testimonio que me ha puesto la piel de gallina. Gracias Pepa Pepae.

CUANDO MI PADRE ME OBLIGÓ A ESCRIBIR

He de reconocer que siempre he sido una dramática. Creo que desde que vi mi cara reflejada en el cristal del aula de parvulitos, cuando ya había perdido de vista a mi madre el primer día de cole y ya no tenía sentido permanecer abocada en el ventanal, me regocijé en mis lágrimas y mi mueca desesperada. Le encontré su punto. He arrastrado intensidad desde entonces.

 

10868153_10152856625510600_6455532193531685039_n

Quizá todos recordamos qué decíamos querer ser de mayores cuando éramos pequeños pero puede que la mayoría no recuerde el momento exacto en que lo supo. A los 8 años quería ser monja, era mi referente de éxito y orden vital. Pero antes de la Comunión me convencí a mí misma, alumbrada por ese dramatismo con el que nací, que no era carne de hábito -fue mucho después cuando comprendí que yo de lo que era es de hábito de carne-.

He discutido con mi madre con argumentos que era incomprensible que una niña utilizara desde que tuve el uso del lenguaje a mi favor. La pura osadía de la ignorancia y seguridad del ser niñato. Precisamente por mi madre siempre he amado las máquinas de escribir, me quedaba embobada viendo salir humo de sus dedos cuando las usaba y no tardó en ponernos delante del teclado a mi hermana y a mí. En esa combinación, argumentos inusitados y una Olivetti, un buen día, con 9 años, escribí una poesía. Aún recuerdo que trataba sobre un indigente en la puerta de un supermercado.

 

327897_10150620375430600_998069460_o

 

Tras horas de debate interno -dramático, cómo no-, decidí pedir la primera crítica de mi vida. “Papá, mira esto”. Mi padre lo leyó y me dijo: “Muy bien hija, ¿de dónde lo has copiado?”. No me perdí ni un gesto de su rostro, bastante plano, hasta que le dije: “Lo he escrito yo”. “Ya, ya, lo has hecho muy bien con la máquina de mamá, pero ¿de dónde?”. Y el drama volvió a invadir mis ojos, encoger mi garganta y aflojar mi voz. “De verdad, que lo he escrito yo”.

Mi padre poco menos que se ofendió al creer que tenía una hija testaruda y teatrera, capaz de ponerse a lloriquear con tal de llevar lejos su mentira. “¡Demuéstramelo, escribe otro!”, me dijo tajante y serio. No me venían las ideas y por un momento lamenté haber compartido algo íntimo. Sentí vergüenza pero también volví a sentir ese cierto dulzor en la amargura que no sé explicar.

Tras unos largos minutos mi padre volvió a la habitación a comprobar si ya estaba dispuesta a pedir disculpas y me encontró en pleno proceso creativo. Es curioso, no tengo ni idea de qué trataba ese segundo poema, pero sí que ayudó a enjugar mis lágrimas y consiguió lo contrario en mi padre. “Perdóname”, me dijo leyendo y dándome un beso en la frente. Salió de la habitación y yo me quedé allí, sentada en mi escritorio, habiendo tomado una de mis primeras decisiones de futuro: iba a escribir, mejor o peor, pero siempre. E iba a afanarme en explicarme, en comunicar lo de dentro y fuera, mejor o peor, pero siempre.

En mi devenir, de una forma inconsciente, este descubrimiento me ha acompañado. He estudiado Periodismo, Ciencias Políticas y teatro. Y no paro de hablar, de escribir para mí y para otros y surcar las redes sociales. Allí donde haya medios de expresión se colarán mis rizos.

Cuando he perdido y cuando he ganado, he escrito. Cuando he amado y me han abandonado, he escrito. Cuando he querido demostrar cariño y dolor, he escrito… Pero, sobre todo, cuando estuvimos a punto de perderle, he escrito.

Mi padre es una figura clave en lo que soy, desde lo biológico a lo emocional, en la interpretación de la vida y las palabras. Hace unos años que, de repente, pasó largos minutos sin pulso, durante un viaje en un barco, muy muy lejos de casa. Ingresado en el Norte de Alemania durante un helador agosto, no me reconocía en mi cuerpo ni en mi piel, me sobraba vida, angustia y tiempo.

Gracias a que conecté con la bombilla de mi esencia, me aferré a los besos y abrazos de mi madre y hermana y también a un boli y muchas libretas. Conseguí pasar las horas junto a su cama, entubado y frío, hablándole negro sobre blanco…

De forma frenética y aún sin nada que hacer más que esperar un milagro, tenía mil cosas que contarle. Le agradecía una y otra vez, en su sueño forzado, que me hubiera obligado a demostrarle aquel lejano día para lo que yo servía y a comprender por qué en la amargura tiene sentido el aliento.

Repasé en mi cabeza cientos de capítulos que hasta el momento habían pasado desapercibidos para mí. Había pasado su vida, en cuanto tenía oportunidad, disculpándose por aquello quizá sin darse tampoco cuenta. Guardó cada redacción de la escuela, robó a escondidas alguna de ellas para publicarla en revistas que ni yo conocía, ha recortado cada artículo que he publicado, por temas, por años, por progresos…

Afortunadamente, las fuerzas de la naturaleza o la reacción de los dioses ante la avalancha de mensajes y súplicas agónicas de tres mujeres desde la Tierra, le devolvieron a la vida. Y él, en su camino a mi lado y en el borde de su adiós, me salvó a mí.

Comunicar, expresar, contar. Pensar, sentir, emocionar. Escribir. Respirar.

Gracias, papá. 132534_10150099900800600_2960398_o
No se a vosotros pero a mí me ha puesto la piel de gallina su natural y carismática forma de narrar algo tan personal a la par que inspirador.

Una vez más, GRACIAS PEPA <3   ¡Es un honor tenerte como colaboradora!

Blanca de la Cruz

Comments:

  • Caro chan

    23 diciembre, 2014 at 10:09 pm

    Precioso chiquilla!!! <3

    Chuuu!!!

    • Pepa

      29 diciembre, 2014 at 10:01 pm

      ¡Muchas gracias, Caro! 🙂

  • carlos pajuelo de arcos

    25 diciembre, 2014 at 1:16 am

    De algo me acuerdo yo. !Fíjate!. Muy bien. Un beso

    • Pepa

      29 diciembre, 2014 at 10:00 pm

      Eres parte de mi evolución, Carlos. Lo sabes. Gracias por todo. Un abrazo.

  • Eugenia Marco Galán

    27 diciembre, 2014 at 2:47 pm

    Pepa te conocía a ti a través de tu padre, ahora conozco mejor a tu padre a través de tí y los dos sois grandes, dramáticos, tiernos y próximos.SEGUID ASÍ

    • Pepa

      29 diciembre, 2014 at 9:59 pm

      Gracias, Eugenia. Un abrazo fuerte. 🙂